Horizonte



Un barrio estigmatizado, discriminado. Que espera, resiste y camina.


Con opinión:

Nació de la urgencia y la mentira naturalizada en una ciudad que dio la espalda a muchos. El barrio Horizonte es una triste postal de la desidia. De la impunidad, de la mentira reinante en un país cada vez más pobre, donde el hambre, se hace denominador común.

Esta semana se enteraron de la visita del mayor mentiroso que conocieron en el oscuro abril de 2016. No faltó el que creyó que por la campaña o los rezos nocturnos de sus casi 20 casitas, una especie de milagro terminaría las 100 de 300 viviendas que se vuelven utópicas de a ratos.

Está bien para el Intendente y ni hablar del Presidente, que ya se olvidó del compromiso. Porque su palabra no vale nada para los millones que se compraron el cuento del CAMBIO.

Hoy, lejos de las campañas electorales y por fuera de las estadísticas locales (si las hay), un nuevo merendero cobija a los gurises que la clase política no cubre. Que la sociedad ignora.

Un vecino del barrio Horizonte tomó la iniciativa y a fuerza de pulmón, llama a la colaboración para que su comedor, sea la mesa de los pibes y pibas a los que les duele la panza, la mentira y la indiferencia.

Grita a los oidos sordos de funcionarios, dirigentes y empresarios que observan como todo sigue igual o peor, y solo observan.

Pide arroz, harina, grasa y lo que puedan. Vende y canjea su trabajo para cumplir con ellos. Esperan en las casillas inclinadas, húmedas y desvencijadas.

Policía, bombero, albañil y maestra. También doctora y arquitecto. ¿Futuros? Se sientan, comen, charlan, juegan y hasta dibujan. Escriben, garabatean las hojas que una mamá les acerca para seguir construyendo un espacio más interesante para los gurises, afirma ella.

Son 15 familias dice un funcionario. Son 100 viviendas dice otro. Eran 300 recuerdan también.

Eduardo Galeano escribió sobre el Horizonte y la utopía :

"Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos más. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la voy a alcanzar. ¿Para qué sirve la utopía? Sirve para eso: para caminar."

Seguí caminando Yoyi.