La Paz: construye la dignidad que no le da el Estado



La familia de Horacio Luna se completa con su esposa y su hija de 6 años de edad, son muy humildes, extremadamente humildes al punto de vivir hace más de dos años en una casa hecha de silobolsas. El municipio como una de sus primeras acciones de gobierno al asumir la gestión actual de Cambiemos, le mandó una intimación presionando a través de la justicia y la fuerza pública para que abandonaran el lugar en el que estaba ubicada la precaria vivienda. Te contamos lo que sucedió luego.


La historia

Horacio Luna jefe de hogar, changarín, laburante incansable, inspirado en el sueño de darle a su pequeña hija un futuro mejor que el presente que les tocó. Por las exigencias de su tarea ligada mayormente a la albañilería sufrió un serio problema en su columna lo que terminó por dejarlo sin su último trabajo estable, un contrato municipal. A partir de entonces, la AUH que les otorgó Cristina por Derecho, fue el sostén.

En el escenario de preocupaciones dolores, físico y espirituales; Horacio recibe un documento en manos de un agente policial. Al leerlo se encuentra con la intimación a abandonar inmediatamente el espacio físico en el que había levantado, el documento contemplaba la firma del secretario de Gobierno del municipio. Desesperadamente y como última alternativa, su rancho para resguardar a su familia. Claro está, ese predio es municipal ya que se encuentra en el interior de la manzana que cubre al cementerio. Un tremendo simbolismo que unía a puro sudor y lágrimas la vida de la familia Luna con la insensibilidad de ese Estado que incumple constantemente su obligación de otorgarles una vivienda digna.

En ese paisaje encuadrado por la misma muerte, sobrevivía Horacio, su pequeña hija y su esposa. Para colmo de males, la niña con serios problemas respiratorios y un tratamiento médico que se hacía imposible de costear. Allí dormía ella, un ángel entre los 45 grados de temperatura que los rayos del sol en verano refractaban al interior del rancho de nylon.

Por si pareciera poco, la amenaza de un secretario municipal que no temblaba ni un poquito en tomar las medidas que tomó: Primeramente intimar con una nota impartida desde la Justicia. Analicemos la desproporción de esas acciones; con una familia en situación de calle, viviendo en un rancho de silobolsas dentro del predio del cementerio con una menos de edad enfrena y en estado crítico, y la pata del Estado con dos Poderes, el Ejecutivo y el Judicial pergeñando la brillante estrategia de echarlos un poquito más a la calle.

El caso llegó a un medio de comunicación, Radio San Martín 107.5 Mh, Director: Oscar García; Programa “El Puente” y ya nada sería igual. El conductor, Roberto García junto a su movilero Carlos Tuamá, denunciaron al aire de la radio y públicamente a todos los que estaban involucrados en esa maniobra de hostigamiento y perversidad. Pudieron hablar con Horacio e intermediar para que inmediatamente el COPNAF pudiera atender a la pequeña, cosa que sucedió y el tratamiento médico resultó paliativo hasta uno de mayor complejidad que debe realizarse en Buenos Aires, pero allí estaba una repartición del estado comenzando a hacerse cargo.
Desde la Justicia y desde el municipio, nunca más recibió notificación alguna. Como así tampoco, nunca recibió una mano.

Un testimonio que durará por siempre

Al contar su dura historia de vida, Horacio se refirió a la alarmante sensación de miedo que su pequeña niña le hacía saber todos los días. “Ella escuchó, cuando nos vinieron a intimar, que si no nos íbamos, la municipalidad mandaría una máquina para sacar la “casa”. A partir de eso, ella ya no podía dormir de noche y cada vez que escuchaba una maquina vial, porque por esta calle pasan siempre, se asustaba y temblaba”, relató.

Llegó la esperanza

Como suele suceder en casi todos los casos de necesidades extremas, la mano para ayudar a un pobre llega desde la solidaridad de otro pobre.

Hoy, Horacio Luna fabrica los ladrillos y levanta su casa propia, la que será su hogar familiar. Lo hace en uno de los lotes del Barrio “Papa Francisco”, aquel grupo de familias vulneradas en casi todos sus Derechos que marcaron una bisagra en la manifestación social de La Paz. Esos que eran “los nadie”, caídos de la ciudad, habitaban debajo de la barranca, con el río de un lado y el olvido absoluto del otro. Hasta que un día reconocieron la fuerza de la unión, y protestaron, y se levantaron y se organizaron. Llevaron adelante lo que se llamó “toma del terreno”, pero no fue otra cosa que ir por lo de ellos. Eso que en nombre de la propiedad privada el Estado especuló, negoció y jamás lo convirtió en política social. Lo que alguna vez fue un basurero, ahora es uno de los barrios más jóvenes de la ciudad, con familias de pescadores, madres valientes, gurises millonarios en sueños y conciencia cívica encendida.

Allí no estuvo el Estado más que para sembrar miedo, preocupación e injusticia. Allí en la vida de Horacio Luna, estuvo el amor, el propio y el de otros. Allí estuvo el compromiso social de un medio de comunicación que entiende a la Patria como aquel que está al lado y nos necesita. Allí se levantan nuevas paredes que albergarán nuevas expectativas, se colocará un techo que solo será para esas paredes pero nunca para los sueños de continuar mejorando como familia. Allí, la familia Luna encontró su lugar en el mundo, resistió, luchó y lo logró.

Anécdota

Hace poco pasé y lo vía a Horacio y desde lejos le pregunté cómo andaban sus cosas a lo que me respondió "bian, ahí tirando".

Le contesté: "no hay que aflojar, hay que seguir adelante". Inmediatamente después le pregunté: "¿y el municipio?". Su respuesta entre risas fue: " y ahí, gobernando para lo ricos..."

Fuente: política con vos