Pobreza: los inocentes del silencio



Con opinión:
Era flaquita. Pelo largo. Caminó todo Echagüe; seguro que también San Martín.


Se asomó a las puertas de los comercios y casi sin entrar, escondía en un desgastado puloversito de lana, lo que parecía una gran timidez y quizás hasta vergüenza. Se ofrecía para hacer mandados, limpiar, lo que sea dijo.

Si quiere hasta puedo atender decía cuando el comerciante mostraba empatía.

Tiene 12 o 13 años, no más. Tan cerca de las aulas, los recreos, la plaza y los juegos. Pero más cerca está del hambre y la pobreza que golpea cada vez más puertas. Sin tocar el timbre.

No entiende de inflación ni del FMI decía Roberto mientras le cuento el relato de lo que vi. Solo sabe que puede hacer algo para ver comer a su familia.

Cuanto silencio. Cuanta quietud.

Cuantos inocentes.